El sol del Mediterráneo es generoso y exigente. Da vitamina D, mejora el ánimo y madura los tomates; también envejece la piel, quema en quince minutos y, a largo plazo, aumenta el riesgo de melanoma. La buena noticia: protegerse bien es fácil y no obliga a renunciar a nada.

La regla de las horas
En España, el índice UV entre las 12:00 y las 17:00 de junio a agosto suele ser «muy alto» o «extremo». Esa franja es la que más quema. Reorganizar el día como hacen aquí —playa o monte antes de las once, sombra al mediodía, paseo después de las siete— evita el 80% del problema sin esfuerzo.
Cómo elegir y usar el protector
- SPF 30 mínimo para uso diario; SPF 50 en playa, montaña y en niños.
- Protección amplia: que indique UVA + UVB.
- Cantidad: una cucharadita para la cara, dos cucharadas soperas para todo el cuerpo. La mayoría de la gente aplica la mitad de lo que debería.
- Cada dos horas y después de bañarse o secarse con toalla.
- 20 minutos antes de salir para que penetre.
Zonas que casi todos olvidan
Orejas, nuca, empeines, párpados, cuero cabelludo en las rayas del pelo y labios (usa cacao con SPF). Son las zonas donde aparecen la mayoría de los cánceres de piel.
Protección textil: lo más eficaz
Una camiseta seca de algodón claro tiene un factor de protección equivalente a SPF 7 — más bajo de lo que parece. Por eso en España se llevan camisas de lino sueltas, sombreros de ala ancha y pareos. Existen tejidos UPF 50+ específicos para playa que merecen la pena si vas a pasar muchas horas fuera.
Después del sol
- Ducha tibia, no fría: el agua muy fría cierra los poros y atrapa el calor dentro.
- Aloe vera puro: calma quemaduras leves mejor que cualquier loción industrial.
- Hidrata desde dentro: agua, fruta y un poco de sal.
- Si la piel está roja y duele, evita el sol al día siguiente: la quemadura tarda 24 h en mostrarse del todo.