En verano, la cocina española se aligera sola. Los hornos se apagan, los pucheros se sustituyen por platos crudos, fríos o de cocción rápida. La dieta mediterránea, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, alcanza su mejor versión entre junio y septiembre, cuando la huerta da casi todo lo que el cuerpo necesita.

Cinco principios para comer ligero
- Menos calor en la cocina: plancha rápida, vapor, crudo. Olvida el horno hasta septiembre.
- Más verdura que proteína: invierte la proporción del plato.
- Aceite de oliva virgen extra en crudo, generoso, como hidratante y antiinflamatorio.
- Pescado azul pequeño (sardinas, boquerones, caballa) y mariscos: ligeros y ricos en omega-3.
- Cereales integrales y legumbres frías: ensaladas de garbanzos, lentejas o quinoa.
El menú tipo de un día de verano
Desayuno
Tostada de pan de masa madre con tomate rallado, aceite y sal. Café con leche o té frío. Una pieza de fruta.
Comida
Gazpacho o salmorejo. Ensalada de tomate, atún y cebolla. Sandía de postre.
Merienda
Yogur natural con melocotón y un puñado de almendras. Mucha agua.
Cena
Sardinas a la plancha con limón. Pimientos asados fríos. Pan, aceite y una copa de vino blanco bien frío.
Qué evitar en pleno calor
- Comidas muy grasas o muy especiadas al mediodía: aumentan la temperatura corporal.
- Cafeína y alcohol en exceso: deshidratan.
- Bebidas heladas con la comida: dificultan la digestión. Mejor frescas.
- Raciones grandes a horas tempranas: cena pronto y ligero para dormir mejor.